La Prostitución Reglamentada en Madrid

La prostitución siempre ha sido un tema de actualidad y muy polémico. Por desgracia, es un hecho que nunca acabará por lo que lo mejor que podemos hacer es aceptarlo e intentar reglarlo para que las condiciones sanitarias y laborales de las y los trabajadores sean mejores y aceptables. Lo más gracioso de todo es que en pleno siglo XXI, en España, no está reglamentado, pero en el Madrid del siglo XVII si lo estuvo.

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Para reglamentarlas se realizó las Ordenanzas de Mancebías, que autorizaba legalmente a realizar esta práctica en ciertos lugares. Al frente de estos sitios había un “padre o madre” que respondería ante la Sala del Alcalde correspondiente. Estos padres o madres tenían la función de que su mancebía funcionara en buenas condiciones, por lo que si había una posible infección tenía que notificarla.

Para las mujeres que realizaban este trabajo en estos lugares legales tenían que cumplir con ciertas normas. Se tenían que presentar ante un juez y demostrar que eran mayores de 12 años, que perdieron la virginidad y que eran huerfanas, estaban abandonadas o de padres desconocidos. Una vez cumplido, se le otorgaba un documento que las autorizaba, previa revisión sanitaria. Aún asi, la sífilis fue un enorme problema para la salud pública en la época.

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Algunos de las mancebías más importantes estaban bien visibles en las calles de la ciudad, ya que, al realizar una actividad legal no tenían que ocultarse como ahora. En la calle Cervantes, Luzón, Montera y Toledo estaban algunos de los más conocidos. En la plaza del Alamillo y en “las barranquillas de Lavapiés” estaban algunos de los más importantes. Curiosamente en la Puerta del Sol también hubo una mancebía, que fue clausurada por Carlos V.

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Uno de los reyes que peleó para castigar e ilegalizar la prostitución fue Felipe IV, paradojicamente, ya que era uno de los más mujeriegos. En 1623, con la ayuda de su valido, el Conde Duque de Olivares, decidió unificar todas las mancebías en una sola. Esta se situaría en la calle Mayor, pero sólo sirvió para que se volviera esta práctica más clandestina. Precisamente la mayor fuerza de choque contra la prostitución fue la iglesia católica, ya que su ideario de mujer era de pureza y pulcritud.

Para terminar os traigo algunos de los vocablos más singulares para referirse a la prostitución en la época:

  • Andorra: prostituta callejera.
  • Atacandiles: mancebas de clérigos.
  • Escalfafulleras: ramera de muy baja estopa.
  • Gorrona de puchero en cinta.
  • Maleta: mujer pública que acompañaba a los soldados.
  • Mujer de manto tendido: mujer que se prostituía por cuenta ajena.
  • Pandorga: prostituta ya vieja y fondona.
  • Pitrolfera: prostituta a domicilio.
  • Quilotra, trotona, trótalo todo, trucha: chicas jóvenes y de cierto rango.
  • Guisa, Tri tin, Batín: mujeres que cobraban en efectivo al momento.
  • Enamoradas: mujeres que esperaban clientes en esquinas y cantoneras.

No podía dejar el término “ramera” que como ya muchos sabréis, mencionaba las casas, tabernas o locales que colgaban una ramita en su puerta para indicar que se ofrecían servicios de prostitución.

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2 comentarios en “La Prostitución Reglamentada en Madrid

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