Farmacia León, un pedazo de historia en el barrio de las Letras

Más de uno ya conoceis la historia de la calle León y de la cantidad de la misma que conserva actualmente. Si habeis paseado por aquí para visitar la que fue la última residencia de Miguel de Cervantes, justo al lado vereis una farmacia que llama la atención por su antigüedad y por lo cuidado que está su estética. Hablamos de la Farmacia León.

Esta farmacia tiene gran relevancia por su antigüedad, pero tambien por su localización geográfica. Ya hay constancia de ella en 1625, aunque no sería hasta 1700 cuando se puede certificar que su boticario, Pedro Serrano, recibió sepultura en la vecina y desaparecida Iglesia de San Sebastian (actualmente hay una iglesia totalmente reformada por daños). En ese momento se hizo un inventario con el contenido de la botica, donde se encontraron diversos elementos en la cueva y el pozo, donde se elaboraban las fórmulas magistrales.

Farmacia León 1

 

No fue hasta 1882 cuando la farmacia consiguió dar un impulso. Matías Velasco Baltasar, en el primer tercio del siglo XIX, pasaría la propiedad a José López Girón y Mora, el cual vendió posteriormente la propiedad a Germán Ortega Mateo. Germán fue el encargado de promover la farmacia en 1882 en la Exposición Farmacéutica Nacional. Además instaló un laboratorio dedicado a la fabricación de especialidades farmacéuticas.

Su sobrino, Rufino Escribano Ortega, fue el siguiente propietario, llegando a ser presidente de la Unión Farmacéutica Nacional. A su vez, le vendió en 1930 la farmacia a Leonardo Gutiérrez-Colomer y Sánchez.

Leonardo mantuvo el negocio hasta 1990, momento de su fallecimiento, siguiendo el negocio María Luisa Matesanz Menager, la actual propietaria.

La farmacia se llama oficialmente “Farmacia Colomer-León”, aunque en la fachada se puede observar simplemente el nombre de “Farmacia León”. Su nombre obviamente proviene de la calle donde está situada.

Actualmente se conserva la cueva y el pozo originales, aunque el pozo está cegado. La cueva era utilizada por los vecinos de los alrededores para protegerse de las bombas del bando nacional durante la Guerra Civil.

El interior conserva perfectamente el aspecto que tenía en el siglo XIX, conservando parte de su botamen, aunque parte del mismo fue donado por García-Colomer al Museo de la Farmacia Hispana. En el exterior, está decorada por azulejos en azul y blanco, realizados por María Luisa Matesanz, imitando el aspecto que tenía anteriormente.

Un pequeño tesoro que podemos visitar cuando paseemos por el maravilloso Barrio de las Letras.

 

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©Un Gato por Madrid

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